destino El ensueño infantil, en algún minuto, nos deja, se va con los juguetes y los amigos imaginarios, con el papel tapiz de ositos y el cassette de canciones infantiles y, sin embargo, no nos quejamos, pues comenzamos a descubrir nuevas cosas.

De este modo, el ciclo vital va avanzando, y a medida que vamos transitando por cada etapa, descubrimos, sin darnos cuenta, que existen determinadas formas de ser y aparentar. Dichos estereotipos afirman ser la mejor manera de convivir dentro de la sociedad.

Es así que, en otro momento más de la vida, empezamos a acondicionarnos a un nuevo estereotipo, el cual erosiona de a poco nuestros pensamientos y forma de ver la vida… nuestro carácter se moldea al nuevo estereotipo incuestionable que la vida alineada lanza contra nosotros, y no me refiero a “otro más” sino que, según mi punto de vista, es el más relevante.

Es un proceso de adoctrinamiento social invisible, en que sin darnos cuenta ya estamos pensando en nuestro futuro, en que debemos producir para mantenernos íntegros… comenzamos a soñar como el buen espartano soñaba, en la cuna de nuestros días occidentales, con ser el mejor hoplita de todos, el mejor guerrero del ejercito de la antigua poli greca, a diferencia que hoy en día comenzamos a soñar con que seremos lideres, a que mandaremos en vez de ser mandados.

Así, adoptamos nuevas actitudes, comenzamos a mirar las cosas con un fin, a rendir, rendir, rendir, exigirse, exigirse, exigirse, nos desprendemos de lo humano, para comenzar nuestra nueva programación de robots productivos.

(Lo admito, yo tampoco me di cuenta cuando empezaron a conformarme como otro más, cuando me uniformaron en el colegio y la educación me la entregaban solo con un fin).

Entonces, tenemos que entender el método, la forma de ser aquel hombre emprendedor por el que aboga la felicidad alineada… comenzamos a abrazar la competitividad y al egoísmo ciego.

(De nuevo no me doy cuenta, pero papá dice que soy Hijo de Tigre).

Nuestra vida se comienza a parametrar, recordamos cuando íbamos en el liceo, y no nos damos cuenta que ahora vivimos para trabajar, que nuestro inanimado rostro es similar al que esta a tu lado, atormentado al compás del miedo; del miedo a la desocupación, a las deudas, a otra navidad.

(Es cierto, no me gusta el sistema de las cosas, me agobia el trabajo y la falta de tiempo, y por eso me quejo… pero me quejo en silencio, por seguridad).

Y caminamos inmóviles tan preocupados y aburridos, que no nos detenemos a pensar si realmente es esto lo que queremos, si en algún minuto estuvimos frente a la opción de elegir este tipo de vida…

La rutina en la que nos sumimos reprime aquellos deseos que tuvimos alguna vez y los reemplaza por otros más importantes, como lograr ser grandes lideres económicos.

(He trabajado algunas horas extras, ya que Don Virgilio, mi jefe, me prometió un ascenso).

De tal forma, mantienen nuestra mente ocupada, aturdida, tragándose lo que dicen desde arriba los Medios de Comunicación y sonrientes (como un Smile) corremos junto al uniforme rebaño. Y en los momentos de ratos libres, la televisión, amablemente, nos da entretención, las drogas despiste y el fútbol amor.

Así, nos imposibilitan la posibilidad de elaborar un ojo critico frente a nuestro entorno, de cuestionarnos este sistema de cosas y de pensar por nosotros mismos.

Se escribe el epitafio, otra vez uniforme, y nunca nos preguntamos ¿Fuimos constructores de nuestras vidas? ¿Preferí ser un buen emprendedor económico en vez de ser emprendedor de mi propio camino? ¿Es mejor competir que compartir?

Como dice una bella película “la idea de mirar el mundo desde otra perspectiva”, porque claro, el temor que nos imponen, impide nuestra libre aventuranza a nuevos espacios, físicos y sicológicos, a que pensemos en otro ambiente, con tiempo para cultivarnos como seres humanos y sociales que somos.

¿Se necesita coraje? Para nada, solo desprendernos de lo establecido, de la competencia, el consumo y la apatía, y comenzar a pensar por nosotros mismos (no para uno mismo), dejar fluir nuestros sentimientos, sin estereotipos que repriman las ansias de saltar o jugar, brindar o besarse.

Pensar en un lugar sin hegemonías de poderes sostenidos del mito y la tradición, solo el libre deambular de nuestras vidas, tomando los medios antes que los fines, entre tejidos de solidaridad.

“Zona Temporalmente Autónoma Fanzine.”

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