Leo un curioso artículo en Discover Magazine en el que – al final del mismo – un anestesiólogo de la Universidad de Arizona lanza una hipótesis – no probada – sobre la posible naturaleza cuántica de la consciencia.

Habrá quien piense que unir campos científicos en los que el desarrollo está muy verde – como la mecánica cuántica y la neurología – a través de hipótesis no respaldadas por ninguna prueba experimental, es una aventura muy osada, pero para eso está la ciencia, para echar por tierra teorías “elegantes” como la del miasma y encumbrar a otras más polémicas como la de que en el pasado tuvimos más pelo y vivíamos en los árboles. Finalmente los hechos serán los que hablen…

En fin, lo que dice este hombre llamado Stuart Hameroff (su foto no ayuda mucho a la hora de aportar credibilidad, pero recordad que el hábito no hace al monje), es que a niveles subatómicos intraneuronales, la consciencia podría ser un fenómeno cuántico. Hameroff, que se basa en su experiencia con las anestesias, afirma que el cerebro de un paciente sometido a anestesia sigue funcionando de forma activa, aunque sin una mente consciente que lo gobierne.

¿Cómo consiguen el xenón o el gas isoflurano desconectar la mente consciente? La especulación de Hameroff sostiene que las anestesias interrumpen un delicado proceso cuántico en el interior de las neuronas cerebrales. Cada neurona contiene cientos de largas estructuras proteínicas cilíndricas llamadas microtúbulos, que se ensamblan para formar una especie de andamiaje que participa en el mantenimiento de la forma celular.

Las anestesias – siempre según Hameroff – podrían disolver diminutas regiones “aceitosas” de los microtúbulos, lo cual afectaría al modo en que se comportan los electrones en el interior de esas regiones.

Véamoslo de forma más gráfica. El anestesiólogo especula que cuando ciertos electrones claves están en cierta “posición” (llamémosle a la “izquierda”), parte del microtúbulos se encoge, y que cuando los electrones se encuentran en la “derecha”, la sección del microtúbulo se alarga. Pero las leyes de la mecánica cuántica permiten que los electrones se encuentren al mismo tiempo en la “derecha” y en la “izquierda”, por lo que los microtúbulos podrían estar encogidos y estirados a la vez. Cada sección del sistema – en constante movimiento – tiene un impacto en las otras secciones, lo cual conduce (gracias al entrelazamiento cuántico) a una danza mecánico-cuántica dinámica.

Es en esta comunicación subatómica más rápida que la luz donde nace la consciencia, dice Hameroff. Lo que hace la anestesia es influir en el modo en que danzan los electrones deteniendo la rotación en su núcleo mecánico-cuántico, lo cual permite la desconexión de la consciencia.

Tal y como concuye el artículo en Discovery Magazine, el camino para que la hipótesis de Hameroff se demuestre aún no se ha iniciado, pero según él, muchas de las experiencias humanas tales como los sueños, las emociones subconscientes o la memoria difusa, parecen más cercanas a las leyes de la mecánica cuántica que a las de la física clásica.

Sin duda el siglo XXI – al que algunos ya han bautizado como el del estudio cerebral – promete darnos múltiples sorpresas desde el punto de vista neurológico.

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