La mirada

La mirada

La mirada es mucho más que el mero hecho de dirigir la vista a un objeto, persona o lugar, para observarlo. También puede ser un valioso camino para conocerse mejor a uno mismo y a los demás, y establecer una comunicación más fluida y auténtica.

La incomodidad que sentimos cuando alguien nos mira directamente a los ojos, suele surgir del temor a que el otro nos haga daño, nos critique, excluya, ignore. No sentimos amenazados, intimidados. Incluso tememos que la persona que nos mira descubra “algo malo” en nosotros.

Nuestra mente guardiana y temerosa anticipa: “se dará cuenta de mi timidez”, “se reirá de mi por mi aspecto físico”, “no estoy a su altura”. Reflejamos en el otro lo que pensamos y sentimos sobre nosotros mismos. A menudo los sentimientos de culpa, complejo o vergüenza también se manifiestan de forma patente ante un desconocido que nos mira.

Ante su mirada directa nos ponemos a la defensiva, la prejuzgamos y buscamos rápidamente la forma de protegernos: mirando hacia otro lado, riéndonos aunque esté fuera de lugar o huyendo de la presencia de quien nos mira. Lo juzgamos sin elementos de juicio, buscando razones para cerrarle el paso hacia nuestro yo interior.

“Si estamos en armonía con nosotros mismos y con los demás, no tememos mirar a los ojos de los demás y que miren directamente a los nuestros. El otro es igual que nosotros: también se debate entre el miedo y el amor, entre la confianza y la huida…”, explica la terapeuta transpersonal María Campos Olivas.

Si miramos desde el corazón, conectado con nuestro auténtico ser esencial y con nuestra parte más emocional, en lugar de mirar desde la cabeza, donde residen nuestros miedos, defensas, barreras y juicios, conseguimos librarnos de los prejuicios, abrirnos a los demás, relacionarnos con ellos desde el amor que somos, desde la confianza.

Nos acercamos tanto al otro, que en un instante descubrimos que también somos el otro, que no hay separación entre los seres humanos.  “La mirada auténtica, sincera, confiada, la “mirada desde el corazón”, que nos acerca a los demás, la podemos aprender, ensayar y adquirir”, señala Campos.

Primero la podemos practicar con nuestros familiares, amigos o con nuestra propia pareja. Después, con personas de nuestro entorno a las que acostumbramos “mirar desde la mente“, y finalmente con todos aquellos nuevos seres que se acercan a nosotros, por primera vez, abriéndonos a la gran aventura de realizar “turismo en el otro”.

ECHAR UN VISTAZO DESDE EL CORAZÓN

La terapeuta propone un sencillo ejercicio para “aprender a mirar desde el corazón”. Consiste en sentarse en una silla frente a frente, con otra persona y mirándose mutuamente a los ojos, con nuestro acompañante situado a una distancia que resulte cómoda para ambos.

Mirarse

Mirarse mutuamente

Hay que fijar la mirada, cada uno en los ojos del otro, sin que nada los distraiga. Concentrarse en la propia respiración, procurando relajarse.
“Sea usted mismo, en lugar de intentar parecer algo. Olvídese de hacer gestos o de intentar interpretar un papel. Quítese las máscaras habituales (seductor, amable, serio, fuerte, o la que sea) y déjese fluir con el momento”, aconseja la terapeuta.

Si un pensamiento llega a la mente, hay que dejar que se vaya sin intentar retenerlo, rechazarlo o interpretarlo. ¿Risa, lágrimas, congoja, afecto, ternura?. Si brotan las emociones, hay que dejar que surjan naturalmente y proseguir con el ejercicio mirando al ser que se tiene delante de uno.

Se trata de observar lo que se siente en lugar de imaginar lo que estará pensando o sintiendo la otra persona. ¿Se abre o cierra al otro? ¿Le cuesta mirarle a los ojos o que el otro le mire? ¿Intenta protegerse, desviando los ojos o adoptando una actitud determinada? ¿Busca conseguir la aprobación de la otra persona, intentando ser bueno, amable o especial?.

También conviene preguntarse mientras se mantiene la mirada con la otra persona: ¿Le estoy juzgando? ¿Al mirarle siento miedo? ¿Qué temo o me inquieta?.

Es sorprendente la cantidad de información que podemos obtener mediante este “ejercicio de mirada compartida y consciente”, sobre nosotros mismos, nuestra personalidad, reacciones, compulsiones y moldes mentales”, señala Campos, que agrega: “Ello sucede porque al mirar al otro, también nos estamos mirando a nosotros mismos”.

Un artículo de Carlos Coronil,fuente: http://www.elreferente.es/musicalia/tus-ojos-son-tus-guardianes-aprende-ser-seguro

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